Recuperación y cambio socialista

editorial

De la recesión económica a la recesión democrática

Todos los pronósticos y análisis apuntan a que la situación se seguirá deteriorando y es claro que para los investigadores serios no basta con rezar, como ha dicho el actual Ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

Todos los informes globales, latinoamericanos y de nuestro país indican que avanzamos aceleradamente hacia una crisis económica similar o peor a la de 2008. En el caso mundial el origen se le atribuye principalmente a la guerra comercial entre EE.UU y China que actualmente ha derivado en un enfrentamiento por el valor de las divisas, una de las herramientas fundamentales del actual y desregulado sistema financiero internacional.

Los datos son elocuentes si solo consideramos el PIB y el endeudamiento tenemos para 2019: el crecimiento proyectado a nivel global 2,6% (0,4% menos que en 2018); economías avanzadas 1,7% (0,4% menos que el año anterior); América Latina y el Caribe 1,7% (0,1% menos que en 2018) y Chile 3,5% (0,5% menos que el año pasado) [1]. Es más, todos los pronósticos y análisis apuntan a que la situación se seguirá deteriorando y es claro que para los investigadores serios no basta con rezar, como ha dicho el actual Ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

El endeudamiento no es más alentador. En efecto, la deuda global alcanzó en 2018 al 317% del PIB mundial. En el caso de América Latina la deuda pública llegó al 42% del PIB del continente y en Chile al 26% del PIB del país. Si bien nuestro país tiene un endeudamiento público bajo, el sector corporativo no financiero tiene un endeudamiento que llegó al 98,9% del PIB. Pero eso no es todo, porque los hogares y, de acuerdo a las cifras del Banco Central (2018), el endeudamiento tuvo un aumento histórico equivalente al 73,3% del ingreso disponible (3,2 puntos porcentuales superior al año anterior), y la riqueza financiera de los hogares disminuyó en 3,6% respecto a 2017.

Entonces el tema es cómo la gente va a resistir una recesión económica si sus condiciones financieras son las descritas y a eso se le agregan los bajos sueldos y las bajas pensiones.

Por otro lado, el último estudio del Barómetro de las Américas y el estudio de “Vanderbit University”, muestra que entre 2008 y 2017, los que estaban muy de acuerdo con que “la democracia es mejor que cualquier otro sistema de gobierno” se redujo de un 34% a un 22% en el continente. En el caso de Chile, el 39,7% coincidió con la afirmación pero es un 6,3% menos que en 2008, y aquellos que están muy en desacuerdo con la afirmación alcanzaron el 11,7%, 4,8% más que en 2008. Pero no es todo: en América Latina los que están por la democracia entre los 18 y 35 años llegan al 35% comparado con los mayores de 65, que alcanzó al 55%. Aquellos con ingresos bajos y medios bajos respaldan el sistema en un 35% y los de ingresos altos en un 42%. De los más desconfiados con la democracia solo el 27% tiene una alta confianza en las instituciones, un 60% no confía para nada en los partidos políticos, el 43% considera corruptos a todos los políticos, un 52% aprueba los “grupos de vigilantes” frente a los delitos y el 52% desaprueba el matrimonio igualitario. En definitiva, una recesión democrática y como aún no se han inventado prótesis para sostener la democracia, rezar tampoco sirve.

¿Qué puede hacer la izquierda y en particular el Partido Socialista frente a estas dos recesiones en curso? Primero, socializar el problema para así reducir la “somatización social” del intercambio mercantil globalizado. Segundo, llevar adelante iniciativas y acciones políticas y legislativas que reduzcan el poder real a los que mantienen los abusos como la principal fuente de sus ingresos, profundizando así una desigualdad intensificada. Tercero, luchar contra la corrupción con medidas concretas, por ejemplo combatiendo el clientelismo en todas sus formas, rebajando los sueldos de los parlamentarios, así como también evitando la auto asignación de sueldos vergonzosos a funcionarios partidarios. Cuarto, luchar contra el calentamiento global desde una perspectiva democrática efectiva y no efectista. No es posible que los que generan los desequilibrios mundiales terminen haciendo pagar los costos a la gente y en particular a los más pobres, como ya sucedió para la crisis financiera de 2008.

Autor: Mahmud Aleuy Peña y Lillo

[1] Cifras del Banco Mundial.

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